No es casualidad

No es casualidad que me encuentre arrinconada, almacenada en una suerte de silencio, con la sangre agotada y sin aliento.  No es casualidad ver vacío ante el espejo, sentir el cristal roto por debajo de los pies y tropezar siempre que lo intento.

No es casualidad así como no es casualidad ver al ave volar, escuchar los árboles silbar, presenciar la humanidad ignorar; pareciera más una especie de plan obscuro, no sé si maligno per se mas obscuro por su natural incertidumbre.

Será que no es casualidad y lo reconozco, pero desconozco en su mayoría el supuesto destino que desde lo profundo anida. En veces encuentro una pista, un sabor, una textura que me recuerda y me susurra mirá mirá, que es por eso. Mas sigo perdida, arrinconada y en silencio.

Busco amor en la distancia, recuerdo en lo nunca vivido, seguridad en el quebrado pilar, en inencontrable refugio mi hogar.

Rompo cada imagen de mí, deconstruyo mi presente antes siquiera de existir, represento todo aquello que nunca fui.

No es casualidad porque en este universo habita todo, y dentro de todo fui el capricho de la anomalía y contradicción, alegoría y contraindicación, algarabía y su inevitable confrontación. No lo recomiendo, lo duelo, rasgo, quemo, grito, lo muero; no es casualidad haberme visto morir tantas veces, así como no es casualidad que en contextos de tragedia se le llame causalidad.