No sé en qué partes o qué he estado buscando,
o si es que en este momento sigo tras algo,
lo que sé es que no lo he encontrado.
Mis ojos pasean ya en automático cada hueco de la ciudad,
espacios vacíos en colores graffiti, polvo y aliento olvidado.
Por cada espacio inexplorado al cuál mis sentidos se aventuran
encuentro no más que otro sitio donde no está,
aquello nunca está.
Será que busco una respuesta, un recuerdo perdido,
la emoción que alguna vez acarició mi piel, o será
que aquello que busco es el reflejo de mi rostro grabado en la tierra,
el sonido de mi voz entre sombra y sombra de las ramas que quiebran,
el calor de mi piel, el ritmo de mi latido,
el halo de una sonrisa o llanto o algo que me indique sigo viva.
No es casualidad que me encuentre arrinconada,
almacenada en una suerte de silencio sin salida de emergencia.
Grito y desgárrome la voz, hiervo en mi tos,
no tengo esperanza ni sueño ni concepto de Dios.
No escucho eco, no hay húmedo ni seco,
maldita sea, ni siquiera hay a quién decirle adiós.